Lo detuvieron dos veces, lo soltaron…y se volvió líder de Los Zetas

Vivía de pisa y corre. No estaba más de una semana en algún lugar y se mudaba. Tres días por hotel y a cambiar. Nunca repetía, mentalizado a que sólo siguiendo esas reglas podía evadir a las autoridades. Quizá por eso los estudios de personalidad de las áreas de inteligencia del Cisen y la Marina lo consideraban un tipo inteligente, serio, cuidadoso.

Hasta que, en un operativo, fuerzas federales de élite lo agarraron en la Ciudad de México. Fue el mismo grupo de infantes de Marina que ha estado a cargo de los grandes golpes: “El Chapo” dos veces, “El Chayo templario”, etcétera.

Para aprehender a José María Guízar Valencia, alias “El Z-43”, no hizo falta un disparo. Lo agarraron desprevenido, de sorpresa. Dijo que sabía que tarde o temprano eso le iba a pasar. No tardó en hablar. Ya bajo custodia, conversó informalmente con sus captores y, según me relatan fuentes bien informadas, contó algunas de sus andanzas. Sirvió para corroborar lo que tenían sobre él:

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